EL DUELO INVISIBLE

Freud, en “Duelo y Melancolía” , de 1915, compara  la melancolía y el duelo , como afecto normal paralelo , diciendo que ambos tienen múltiples analogías, incluso la causa. El duelo es la reacción a la pérdida de un ser amado o a una abstracción equivalente,  ideal, libertad.

Bajo estas mismas influencias , nos dice, surge en algunas personas , a las que atribuimos una predisposición , la melancolía en lugar del duelo. La melancolía consiste en una depresión profundamente dolorosa, con suspensión del interés por el mundo exterior, pérdida de la capacidad de amar, inhibición de toda actividad, disminución del amor propio , que se manifiesta en la autoacusación, la autoinjuria yendo hasta la espera delirante de punición.

El dolor del duelo, tiene una función que consiste en evitar que la libido abandone sus

ataduras con el objeto amado perdido. La transacción es lenta y dolorosa  porque el hombre no abandona gustosamente ninguna de las posiciones de su libido.

El proceso del duelo, necesario pues para el ser humano, precisa de un tiempo, una elaboración subjetiva de lo que se ha perdido. El sujeto sabe a quien ha perdido pero no lo qué ha perdido, nos dice Freud . Es importante poder situar esta cuestión, porque cuando un sujeto pierde a un familiar, por ejemplo a un padre, no es solo al padre al que pierde sino también su posición de hijo y tiene que aceptar que ha de pasar a la primera línea de las generaciones y este proceso, en ocasiones difícil,  hay que poderlo asumir.

Mucho más difícil todavía es aceptar la pérdida de un hijo, que contraviene las llamadas leyes de la naturaleza , hasta tal punto que no existe en nuestro vocabulario una palabra que defina a la persona que ha perdido a un hijo, como si la hay para quien ha perdido a un padre o a un cónyuge. 

Es por ello que además del proceso temporal, el ser humano se provee de una serie de rituales  llevar a cabo el proceso del duelo, de la despedida de un ser querido. Son por ejemplo las funciones religiosas, la ceremonia de entierro del cuerpo o sus cenizas, los velatorios, las ceremonias civiles que tienen lugar en los tanatorios y que suelen estar acompañadas por música, videos del difunto, parlamentos de las personas cercanas.

Estas ceremonias, que ya llevaban a cabo las tribus más primitivas,  son necesarias para que el sujeto que ha perdido a un ser querido pueda asimilar dicha pérdida.

Sin embargo, la actual situación de pandemia, ha introducido cambios que posiblemente contribuyan a generar síntomas como el llamado duelo prolongado o patológico.

Así, el gobierno español, acaba de publicar en  el Boletín Oficial del Estado  una Orden mediante la cual se permitirán los entierros antes de las 24 horas legales debido al gran número de muertos  que está dejando el corona virus. Se introduce con ello la función de la prisa, que no facilita el proceso de despedida.

Por otra parte los enfermos afectados por el Covid 19 , no pueden recibir visitas de sus seres queridos durante su estancia en el hospital , ni tampoco pueden ver el cadáver tras el fallecimiento. Tenemos aún presentes en la retina , las dramáticas escenas del pasado 19 de marzo, día del padre , en las que desde la calle los familiares, intentaban ver y saludar a sus abuelos ingresados en residencias .

Evidentemente son medidas imprescindibles porque estamos en un estado que ha sido llamado de guerra, pero estas medidas deshumanizadas tendrán consecuencias. 

Recordemos el dolor interminable de los familiares de los fusilados en la guerra y la pos guerra enterrados en cunetas, fosas comunes y el clamor para recuperar esos restos y poderlos enterrar dignamente.

También el sufrimiento de mujeres a las que nunca  enseñaron el cuerpo de su bebé recién nacido muerto y que nunca supieron si les habían robado al niño para entregarlo a una familia pudiente, lo que efectivamente sucedió en muchos casos, o si efectivamente el bebé nació muerto.

Hoy en día, conscientes de la necesidad de poderse despedir convenientemente de un hijo nacido muerto, se han puesto en marcha procedimientos por los cuales esos bebés tiene un nombre y reciben una ceremonia de despedida e incluso de entierro, modos que facilitan la terrible experiencia de dar a luz un bebé fallecido antes de nacer. Se considera que estos bebés tienen derecho a su nombre para suavizar el llamado duelo invisible.     

Paula Bonet

En ese sentido,  es muy interesante el libro “Roedores. Cuerpo de embarazada sin embrión “ , escrito por Paula Bonet , para poder simbolizar mediante este trabajo de escritura y dibujo el dolor que le produjeron dos abortos espontáneos que sufrió y en los cuales no pudo hacer el duelo necesario. Hay una tendencia a acallar estas pérdidas desde lo social, y también de las propias mujeres por culpa, miedo, vergüenza.    

No pretendo con este breve texto dramatizar aún más  la tragedia que estamos viviendo , sino que abogo por poner en marcha medidas para humanizar estos procesos difíciles que estamos viviendo , por compromiso social y para evitar un retroceso en los imprescindibles procesos  de simbolización de estas pérdidas. 

He podido atender en la consulta estos días , el desespero de varias personas que habían perdido a sus familiares sin haberse podido despedir de ellos personalmente, sin haberles podido dar la mano en los últimos momentos de su enfermedad. Estos casos se irán repitiendo durante la crisis y después, cuando las  personas salgan de su estupor, y sin duda la atención psicoanalítica será una gran ayuda para elaborar la pérdida de otra manera.

Autora: Carmen Lafuente Balle

Barcelona 24 de marzo de 2020

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