Psicoanálisis: una práctica rigurosa y con garantías.
A partir del juicio sobre el caso Andic en distintos medios de comunicación han surgido algunas informaciones acerca de que la terapeuta de la familia Andic (padre, hermanos y demás) operaba como psicoanalista, extremo que no se corresponde con la realidad de la formación que ofrecen las instituciones psicoanalíticas.
Dicha terapeuta no solo nunca ha sido miembro del Col·legi de Psicologia de Catalunya ni de ningún otro colegio del extenso campo de la Salud Mental (psicólogos, psiquiatras, médicos, etc…), sino que tampoco es psicoanalista, puesto que, que se sepa, no forma parte de ninguna de las distintas instituciones psicoanalíticas existentes.
Con respecto a los distintos comunicados vertidos en la prensa sobre el modo de operar de dicha terapeuta podemos afirmar que tales prácticas no se avienen en absoluto con los principios éticos del psicoanálisis. Según estos principios es fundamental que un psicoanalista lleve a cabo previamente su psicoanálisis personal con otro psicoanalista para poder operar en su práctica sin hacer uso de la sugestión y poder llevar así a sus pacientes hasta lo fundamental de su inconsciente. Es, además, habitual la supervisión de una cura con otro colega para asegurar una buena práctica, que permita que sea el propio paciente quien obtenga su propio saber acerca de lo que determina su conducta y pueda así operar con mayor libertad en su vida.
Esto implica entre otras cosas la neutralidad del psicoanalista –lo que concemos como la regla de abstención– , es decir, su no intervención acerca de las decisiones de su paciente. Será su propio trabajo analítico el que determinará en mayor o menor medida esas decisiones. Así, el psicoanalista dirige la cura, pero no dirige la vida de sus pacientes, como al parecer pretendía la terapeuta en cuestión Por otra parte, una de las condiciones de la práctica psicoanalítica es que el paciente pueda decir con la seguridad de que sus dichos no van a ser juzgados o utilizados en su contra fuera del dispositivo psicoanalítico. De ello trata la absoluta confidencialidad de su palabra, que el psicoanalista debe respetar en toda circunstancia.
En la prensa han surgido relatos acerca de que los abogados de Andic alegaron que los whatsapp entre la terapeuta y padre e hijo se enmarcaban “en un contexto clínico de una terapia psicoanalítica fuertemente directiva en que se potencia por el terapeuta cierta confrontación de acción y reacción para encontrar el crecimiento”, y posteriormente informaciones acerca de condicionar la continuidad del tratamiento a ciertas disposiciones en el testamento del Sr Andic padre.
Nada más lejos de un psicoanálisis que estos dichos acerca de «confrontación», «crecimiento», e indicaciones directas sobre decisiones del propio sujeto, términos todos ellos ajenos a lo que constituye la práctica del psicoanálisis.
Por otra parte, esta información ha sido aprovechada para vilipendiar el psicoanálisis como práctica en el campo de la salud mental. Lo curioso es que no hay más pacientes de psicoanalistas que se quejen de los resultados terapéuticos que obtienen en sus prácticas que de los que son atendidos bajo otras terapias (que, por cierto, muchas de las mismas han tenido origen en el propio psicoanálisis), ni menos que expresen su satisfacción por el tratamiento de sus síntomas.
El psicoanálisis dispone de instituciones diversas en todo el mundo. En nuestro caso, la Federación de Foros del Campo Lacaniano en España (F8), inscrita en la Internacional de Foros del Campo Lacaniano con sedes en los cinco continentes y todas ellas responden a una sola Escuela. Para velar por la ética del acto psicoanalítico nuestra Escuela cuenta con sus dispositivos de garantía, admitidos y aceptados por todos sus miembros.
A pesar de que no podemos aclarar mucho más en tan poco espacio de tiempo, deseamos cuanto menos poner en claro que el psicoanálisis nada tiene que ver con lo que pueda hacer dicha terapeuta en su «terapia» con la familia Andic y con quienquiera que ella practique tales «confrontaciones».
Autor: Manel Rebollo
Presidente de la Federación de Foros del Campo Lacaniano en España (F8).
Miembro de la Junta Directiva de la F8 junto con Teresa Serrano (secretaria) y Pilar Sampedro (tesorera)
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