PRELUDIO 3, Salud mental y psicoanálisis

Quisiera hacer en este Preludio un breve testimonio de mi trayectoria de trabajo  en Instituciones de Salud Mental Pública en Catalunya,  concretamente  de una última  trayectoria de 15  años, 6 en un Centro de Asistencia a las Drogodependencias (CAS)  y 9 en un Centro de Salud Mental Adultos (CSMA). 

Si como ya señaló Freud, la tarea del psicoanálisis se constituye como un imposible, el trabajo de un psicoanalista en la Red Pública de asistencia, a mi entender se enfrenta con un doble imposible. En primer lugar, el  consustancial al propio ejercicio del psicoanálisis y en segundo lugar, el referido a la concepción ideológica con la cual funciona la atención clínica a los pacientes. La Red, como es sabido, viene arrastrando los recortes presupuestarios en Sanidad de hace años, así como también, los efectos de la pandemia en los Sujetos. Ambas circunstancias, hacen que los servicios de Salud Mental se hayan visto cada vez  más desbordados.

El planteamiento desde la administración, tiene una pretensión en la que  hay que poder ofrecer tratamientos para todo. Se trata de contentar-acallar la demanda social y a los “usuarios-clientes”, pero a mi modo de ver,  lo que dominaría es un ánimo de defenderse preventivamente ante tales demandas. Intentar visibilizar que se hace algo. 

Se fragmenta y parcializa la asistencia en numerosos programas y protocolos específicos. De esta manera, los Centros consiguen financiación. Sin embargo, muchas veces esta circunstancia no va unida a dotar a los equipos con más profesionales. El plus de carga asistencial, tiene por tanto que ser asumido por los que ya están en plantilla.

Se genera entonces, una dinámica de tener que lidiar con una importante cantidad de protocolos “defensivos” y totalmente inútiles, los cuales  impiden ponerse en disposición de  “sencillamente escuchar” y tomar en cuenta la demanda  de los pacientes.

Como consecuencia, se produce un efecto paradójico. Se cree que con esa diversificación de programas y protocolos  se atendería mejor,  cuando lo que en realidad sucede es todo lo contrario.  

Se intenta encajar a los Sujetos en casillas-estanco, imposibilitando que encuentren buenas condiciones para desplegar su subjetividad.

Así mismo, la alta presión asistencial que sufren los equipos, junto a las ya mencionadas tareas protocolario-administrativas, tiene como consecuencia el aumento  indeseable de la distancia  entre visitas para los pacientes.

En la actualidad, cualquier malestar en los sujetos es susceptible de ser enviado al Centro de Salud Mental para ser evaluado y/ o tratado. Prácticamente, todas las problemáticas  son psicologizables i/o psiquiatrizables.  Esta cuestión está claramente desencadenada a su vez, por la enorme presión asistencial que también sufren los médicos de Asistencia Primaria. Éstos últimos, se encuentran en la tesitura de tener que derivar a Salud Mental, muy empujados por el Otro de la demanda social y política

A pesar de todas estas circunstancias cabe destacar, que los profesionales que hemos estado y los que siguen estando  en la Salud Mental Pública, hemos podido establecer buenos encuentros y buenas transferencias de trabajo terapéutico con muchos de los pacientes y hemos conseguido sostener a pacientes muy complicados con patologías graves.

Me gustaría poder contribuir con este testimonio, al debate que pueda producirse en las Jornadas sobre Salud Mental y Psicoanálisis.

Autor: Jesús Ariza Godina. 
Miembro del Foro Psicoanalítico de Barcelona.

Plazo cierre de la inscripción: 15 mayo 2022

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